domingo, 21 de octubre de 2018

Día Internacional del Sarcásmo

¿Se imaginan si existiera el Día Internacional del Sarcasmo?

Una fecha donde, como su nombre lo indica, nos veamos obligados a interactuar con los demás de una manera irónica y sarcastica.
Sinceramente creo que podría funcionar como un metodo terapéutico infalible. Que nos serviría para liberar estrés y al mismo tiempo nos brindaría la oportunidad de decir todo lo que pensamos sin la necesidad de ser grosero con nadie.

Sería algo más o menos así:

"Hola ¿como están? Espero de corazón que muy bien. ¿Que tal estuvo su día? El mío la verdad que estuvo fascinante.
 

Ya desde mi despertar, apenas abrí un ojo, lo primero que hice fue agradecer a la vida y al universo mismo, la posibilidad de poder gozar un día más en este mundo bello en el que me ha tocado vivir. La verdad soy un privilegiado.
Me vestí y me fui a trabajar, no sin antes saludar con un beso a mi madre y decirle que es la mejor del mundo y ojalá Dios me le de muchos años más de vida. A lo que ella respondió que me deseaba exactamente lo mismo. Que para nada se arrepentía de haberme tenido y que jamás me hubiera abortado de haber tenido la posibilidad.

Ya en la calle, me tomé cinco minutos para saludar a todos mis vecinos de la cuadra y preguntarles como estaban sus familias. Porqué el bienestar y la salud de gente con la que apenas cruzo dos palabras en el día -en el mejor de los casos- es de vital importancia para mí.
Ellos sonrieron y me dieron las gracias. Y además, me dijeron que es un placer tenerme de vecino. Sobre todo por mi buen humor y la luz que transmito. Obviamente también me dieron los buenos días y me dijeron que ojalá núnca sufra ningún tipo de accidente trágico.

A mí trabajo llegué bcastante temprano, así que aproveché para c cancctar unos capítulos de una serie que estoy viendo.
 

Pero claro, no fui el único en llegar temprano. Enseguida llegó un compañerito que me tocó el hombro e hizo que me sacara los auriculares porque me di cuenta de que estaba intentando decirme algo. Yo por supuesto, felíz de la vida, me saco los auriculares y me pongo a hablar con él. Porque si hay algo que me agrada y me genera placer es que me interrumpan para saludarme y preguntarme que tal estuvo mi fin de semana.
 

Yo le devolví la cortesía, preguntandole lo mismo en un tono que no sugería para nada que lo estaba haciendo por compromiso y que en realidad su vida me chupaba un huevo.
Mi compañerito me dijo que era muy amable y que esperaba con ansias el proximo asado que organizaría en su casa para poder invitarme. Que vaya tranquilo, que bajo ningún motivo, razón ni circustancia, contemplaría la posibilidad de envenenarme la comida. Ya que lo último que querría es verme retorcer de dolor en el piso al tiempo que vomito mis intestinos para finalmente morir, y después de eso organizar el verdadero asado a modo de festejo.


A la vuelta, cuando ya pensaba que nada podía hacer que mi día fuese aún mejor, me encuentro con la noticia de que había paro de transporte. Lo cual me pareció fantástico.
Porque no hay nada mejor que volvert a tu casa caminando 65 cuadras, así hacés algo de ejercicio.

Después de pasar por todo esto. Solo queda terminar el día de la misma forma que lo empecé. Agradeciendo al universo y esperar a que mañana pueda despertar una vez más para seguir disfrutando de este regalo hermoso que es la vida.
Los amo a todos."

Yo al menos me divertiría mucho, no sé ustedes.

Anecdota del Día del Amigo

Hoy vinieron a verme dos amigos para preguntarme porque no quería salir con ellos el día del amigo.
"¿Es que acaso no nos considerás tus amigos?" Me preguntó uno.

Yo le respondí que por más descabellado que sonara, podíamos salir cualquier otro día del año. Que sería exactamente lo mismo.

"Bueno, pero el día del amigo es hoy," me reprocha mi amigo en un tono demandante.

Yo no le digo nada. Simplemente le doy un golpe de revéz con la mano derecha. No realmente con fuerza, pero si con la suficiente firmeza para tumbarlo en el piso.

Mientras tanto, mi otro amigo, miraba la escena horrorizado. Claramente por el tono irrespetuoso que estaba usando mi amigo conmigo.

"¿Y es que acaso el resto de los otros días no somos amigos?" Le pregunto yo a mi amigo, quien ahora me miraba desde el suelo mientras se llevaba una mano hacia la mejilla que había recibido el golpe.

"P-pero te etiquete en mi posteo de Facebook. ¡Armé un collage y todo! ¡Y NI SIQUIERA LE PUSISTE ME GUSTA!"

Así como estaba, comencé a darle patadas.

"¡NOSOTROS!" *patada* "¡SIEMPRE VAMOS A SER!" *patada* "¡AMIGOS!" *patada* "¡SIN IMPORTAR!" *patada* "¡LA FECHA!" *patada*

Mi amigo se retorcía de dolor en el suelo al tiempo que intentaba protegerse de la lluvia de golpes.
Mi otro amigo, lloraba y al grito de "¡NO PELEEN!" intentaba separarnos.

La verdad que yo no la estaba pasando nada bien. Era duro. Pero mi amigo había caído víctima de las fechas comerciales que impone el capitalismo y tenía que salvarlo.

Tenía que hacer el bien.

Costó, pero finalmente había conseguido hacer entrara en razón. Porque de pronto, los reclamos se detuvieron por completo.

Si esto fue porque finalmente había entendido o se quedó desmayado, núnca lo supe.
Mi otro amigo, el que no dejaba de llorar y gritar, núnca me recriminó nada realmente. Pero de todos modos le pegué una trompada, por las dudas.

Porque a los amigos hay que quererlos por igual. Todos los días, sin importar la fecha.

Un sueño extraño 2

Hoy me desperté alrededor de las 4 de la mañana. Estaba aturdido y asustado.

Había tenido un sueño espantoso.
Por algún motivo soñé que había agarrado a golpes a mi mejor amigo. El Shaman.
Preso del miedo ante la idea de estar volviendome loco, lo llamé por telefono a mi otro -no tan- mejor amigo. Maki.

"Hola Maki, siento haberte despertado. Pero tuve un sueño terrible y tengo miedo de que me esté sucediendo algo muy malo."

"Tranquilo, ¿Qué fue lo que soñaste? Contáme." El tono de Maki detonaba lucidez. Como si no lo hubiese soprendido en medio del sueño, sino como si estuviese ocupado haciendo algo. 'Seguro estaba cortando videos,' fue lo primero que pensé.

"Soñé que le pegaba al Shaman. A mi mejor amigo. Estoy muy asustado."

"Calmate un poco W, no es tan grave."

"Maki, le hundía el craneo a trompadas hasta dejarle la cabeza como un cacho de plastilina todo manoseado."

"Insisto. No es tan grave. Todos los días soñas con que le pegás al Shaman con algo. La semana pasada me contaste que le abrías la cabeza a golpes con un control de Xbox."

"Es verdad..."

"¿Viste? Ahora volvé a dormir, W. Todo está bien. Sos una persona normal, que para nada tiene brotes psicoticos ni violentos."

"Gracias Maki. A veces pienso que me preocupo demasiado por el bienestar del Shaman y por eso no dejo de soñar con el. Debe ser una manifestación del amor que siento por el. Me vuelvo a dormir."

"Que descanses. Yo mientras tanto, voy a volver a lo mío. Estos videos no se van a cortar solos."
Después de eso pude volver a dormir tan tranquilo como un bebé. Núnca le pregunté a Maki que estaba haciendo a esas horas de la noche cortando videos. Siempre me pareció un tipo extraño. A veces hasta terrorifico. Pero me había ayudado y eso es lo que importa.

A fin de cuentas no todos pueden ser tan normales como yo.

Sin embargo el Shaman no se había portado bien conmigo. Hizo que me preocupara por él haciendo que me desvele, por lo que ahora tendría que pagar el precio de su afrenta.

Por eso decidí que la proxima vez que lo viera le iba a cortar un dedo. Y por el gran cariño que le tengo, iba a dejar que el escoja cual.

Así de bueno soy.

A veces me pregunto si no estará mal que sea tan bueno con las personas, y me pregunto al mismo tiempo que sería de mí si tuviese al menos una gota de maldad dentro.

 Supongo que núnca lo sabré.

Una extraña invitación

Hace un par de días una ex compañera de colegio a la cual no veo hace siglos, y cuya iteracción para conmigo en las redes es prácticamente nula, me invitó a su fiesta de cumpleaños.

Lo que me llamó la atención no fue la invitación en si, sino la manera tan poco convencional de hacerlo.
Me llega un mensaje -varios en realidad- a través de Facebook diciendo lo siguiente:

-Hola

-El viernes es mi cumpleaños

*pone un número telefonico*

-24 hs

-Avisame si te animás a venir

"Avisame si te animás a venir." A ver, puede que no esté muy al tanto de los protocolos sociales contemporáneos para invitar a alguien a tu fiesta de cumpleaños. Pero diganme si esto no parece más bien un desafío que una invitación.

O algo peor.

Onda, si esto hubiese sido una carta impresa en papel, solo le faltaría estar clavada con un cuchillo en la puerta de mi hogar junto con unas manchas de sangre al pie del comunicado.
Sobra decir que nunca respondí la "invitación" y la chica en cuestión jamás me preguntó porque no había asistido.
 

Pero casi puedo imaginármela vestida de pies a cabeza con un manto a negro junto a un grupo de sectarios rodeando un improvisado altar de piedra en forma circular con unas pocas velas brillando en la penumbra. Al tiempo que se disculpaba con sus compañeros:

"No sé que pudo haber salido mal. Yo seguí las instrucciones al pie de la letra. Tendría que haber venido. Ni modo, vamos a tener que buscar a otra persona para el sacrificio."

Porque ustedes no duden ni por un instante que si alguien les manda un mensaje a altas horas de la noche para invitarlos a un disque cumpleaños sin haber hablado núnca, tengan la plena seguridad de que los quieren secuestrar.
Es eso o tal vez se trate de alguien que realmente los estuviese buscando para retomar el contacto luego de tantos años sin verse. Y darles así la oportunidad de finalmente poder insertarse en un grupo social y hacer amigos. Y en una de esas, quien sabe, hasta encontrar el dichoso amor del que todos hablan.

Yo por las dudas decidí no arriesgarme.

¿Que hubieses hecho vos?


El oto día me hice una cuenta en Instagram

El otro día me hice una cuenta en Instagram. El semillero cibernético normie por excelencia.
Fue más que nada un experimento social antes que cualquier otra cosa. Sabía de antemano que no le iba a dar mucho uso.

¿Como describiría mi experiencia en dicha plataforma?

A ver, sería algo así como cuando venís manejando con el auto por la noche y sin darte cuenta terminás en uno de esos lugares super turbios. Oscuros y desolados, sin la más remota idea de donde estás ni de como llegaste ahí.
Entonces te empezas a poner nervioso y comenzas a pensar: "Che tengo que salir de acá ya mismo antes de que pase algo malo."

Pero entonces ya es demasiado tarde. Antes de que pudieses darte cuenta ya tenés a un flaco pegado a la ventana, salido de las sombras, que te pregunta si por casualidad no tendrías una moneda para darle.

Bueno, Instagram es exactamente lo mismo. Solo que en lugar de gente pidiendote plata, tenés gente pidiendote que les des "Follow" y le comentes las historias.
Porque posta les juro que fue así. Yo me hice la cuenta y la aplicación de alguna manera se ve que le alcahuetea tus contactos y en menos de lo que pensás los tenés a todos pidiendote que les comentes "las historias."

"Eh, al fin te hiciste una cuenta. Comentame la historia que acabo de subir," me dijo mi amigo Jorge.

Y cuando reviso resulta que era la foto de una tostada, toda insulsa, posada sobre un plato de porcelana con una leyenda que decía 'DESAYUNANDO'

-Disculpame, Jorge

-Si, decime

-¿Vos tenés mierda en la cabeza?

-¿Como?

-Mierda Jorge, materia fecal.

-Bueno loco, hay que divertise. Vos también sos más amargo.

-No sé que le verás de divertido vos a andar sacandole foto a todo lo que te pongas en la boca y subiendo fotos en el baño de tu casa aclarando que día es. Sabemos que día es Jorge, la gente no es tan pelotuda como vos que necesita que le aclares el día en el que estamos con letritas de colores y una carita felíz. La concha de tu hermana, Jorge. Descerebrado del orto. Con razón, te dejó tu novia.

-Mi novia no me dejó, falleció. Basura.

-Estabamos hablando bien, Jorge. No nos faltemos el respeto.

-¡Respetá vos entonces!

-¿Ves como sos, Jorge? No se te puede decir nada que enseguida saltás para el carajo.
Después de eso me bloqueó. Pero la misma conversación la habré tenido con cinco o seis personas más.

Y ahí fue cuando dije basta.

Demasiados problemas tengo en la vida como para sumarle también peleas por internet con inadaptados sociales que no saben respetar.

Día de la Madre o...?

Felíz día de la capitalización de la imagen materna.

Porque recordemos que muy atrás quedaron las épocas en las que con solo desearle un felíz día a tu madre y tener una atención con ella -como por ejemplo regalarle algo o llevarla comer- era suficiente para rendirle trubuto a tu progenitora. Y la cosa quedaba ahí. Dentro de los límites del cálido seno familiar.

Pero ahora no. Ya no alcanza con eso.

Ahora hay que prostituir la imagen de tu santa madre subiendo fotos a la redes por un par de likes y comentarios halagadores, en donde obviamente vas asegurarte de salir vos también en la foto, en lo posible abrazando a la vieja y decorando la imagen en cuestión con un monólogo pedorro que habla sobre "La mejor madre del mundo, a la cual le debes todo y no serías nada sin blah blah blah blah..."

Pero siempre saliendo vos. Eso es CLAVE.

Porque recordemos que el fin de este circo que hacés, es con el único fin de que la gente comente y diga algo bueno sobre vos, porque sos un inseguro del orto, que necesita de estas fechas para salir a recordarle a la gente que todavía existís.

Como por ejemplo mi amigo Jorge. Que sube una foto con la madre, ya fallecida, poniendo un texto que reza:

"Aunque hoy no estes conmigo, donde quiera que estes felíz día."

Me dio mucha bronca realmente. Entonces le comenté:

"Jorge, a menos que tu vieja se pueda conectar al Wifi de San Pedro, dudo que pueda leer esto. Debería darte vergüenza."

Me bloqueo.

Un día de estos me voy a cansar de esa actitud petulante que lo caracteriza y no le voy a hablar más. Posta.

jueves, 21 de diciembre de 2017

Una historia de Navidad


A medida que uno va a creciendo y va madurando tanto física como mentalmente, descubrirá que muchas de las cosas que nos contaron de chicos eran una vil mentira. Al principio mentiras blancas e inofensivas que nuestros padres nos decían a efectos de resguardar la pureza de nuestra inocencia. Como si esta se tratara de un vaso de cristal.



Por ejemplo: “Portarte bien porque a los nenes malos Papá Noel no les trae regalo.” Una de las mentiras más crueles y manipuladoras en la historia de la humanidad, porque después te enteras de que el gordo de mierda ese nunca existió y vos fuiste el esclavo de tus padres por nada. Estos, en un orgasmo de poder, se aprovechaban de tu ingenuidad para obligarte a hacer todo tipo de tareas y trabajos sucios bajo la excusa de que si no lo hacías, Papá Noel no te iba a traer eso que vos tanto querías.



“Hijo ponete a hacer los deberes porque si no Papá Noel por acá no va a pasar.”



“Hijo andá a sacar la basura porque si no le voy a decir a Papá Noel que no te traiga nada.”



“Hijo subí al techo y arreglá la antena de la tele porque si no Papá Noel va a seguir de largo.”



No fue sino hasta mis sombríos y duros siete años que supe la verdad. Papá Noel eran en realidad tus padres.



La sensación de alivio y liberación que sentí en aquel momento, vuelve a cobrar vida cada vez que me acuerdo de la imagen de mi padre, deslizándose de manera sigilosa hasta el comedor para colorar mi regalo en nuestro árbol de navidad. Regalo que en teoría te traía un gordo vestido de rojo, con una barba tan blanca como la nieve misma. Un gordo que se suponía, venía desde los confines del mundo surcando los cielos sobre su legendario trineo, que era a su vez, arrastrado por dos ciervos que escupían fuego por la boca. O al menos es lo que recuerdo haber leído en uno de los libros de la biblioteca del colegio, mientras mis compañeros perdían el tiempo juntando juguetes usados para donar a los chicos del hospital.



Cuestión es que lo sorprendo a mi padre en el comedor. Sorprendido y preso de la vergüenza me mira, apenas capaz de sostenerme la mirada, y me pregunta: “Hijo, ¿qué haces despierto a esta hora?”



El muy ingenuo seguramente pensó que iba a estar en mi cuarto durmiendo plácidamente, ya que el mismo me pidió por favor que me vaya a la cama temprano así podía preparar todo para la llegada de Papá Noel.



Esa mañana hubo varias cosas que no me cerraron. Mi padre y mi madre hablando casi en susurros en la cocina, mientras calculaban gastos y analizaban la lista de regalos que todos los años me hacían escribir, y que después usaban para chantajearme. Algo andaba mal.



Esa noche, recuerdo que fue un viernes, decidí quedarme despierto. Pasaban las horas y yo mataba el tiempo jugando al Mario 3 en mi vieja Family, con el volumen al mínimo para que mis padres no escucharan.

Las horas pasaban y nada. Pero yo seguía ahí. Firme en mi decisión de mantenerme despierto, a sabiendas incluso de que al día siguiente me tenía que levantar temprano para ir a tirarle piedras a los perros de los vecinos. Pero bueno, era un pequeño sacrificio que estaba dispuesto a hacer.



A eso de la una y media de la mañana comienzo a escuchar unos ruidos bastantes extraños provenientes del comedor. Me deslizo hábilmente de mi dormitorio con la esperanza de poder encontrarme cara a cara con el mítico personaje y ahí lo veo:



Mi padre, sosteniendo una bolsa de la cual iba sacando varios paquetitos con distintas formas. Todos envueltos en papel de regalo colocándolos cuidadosamente al pie de nuestro árbol de navidad junto al pesebre.



-Hijo, ¿qué haces despierto a esta hora?

-Quería ver a Papá Noel.

-Para Noel no pudo venir, se sentía mal. Por eso lo estoy ayudando.



Ustedes fíjense como el cerdo, descubierto en su propio charco de mentiras, continuaba cubriéndose de más mugre a fines de poder llevar a cabo su perversa obra del engaño hasta el final.



-Ah, está bien si lo estás ayudando. ¿Me trajiste lo que le pedí entonces?

-Papá Noel leyó tu carta y me dijo que lo que vos le pediste es bastante difícil de conseguir…así que te trajo otro regalo y te pide perdón.

-Si papá, pero ¿sabes cuál es el problema? Que con perdón no se solucionan las cosas. ¿Qué hago ahora con la carta que estuve escribiéndole dos meses enteros? ¿Me la meto en el culo?



Cuando somos chicos, más a la edad que tenía yo en ese entonces, no somos capaces de distinguir por completo la realidad de la ficción. Por lo que muchas veces somos influenciados por medios de entretenimiento, como la televisión y los videojuegos. Y es precisamente esa característica lo que hace a la infancia la etapa más pura e inocente de la vida.



Me acuerdo que ese año le había pedido a Papá Noel que me trajera un “Detonador de Cerebros a Distancia” para usarlo con mis compañeritos de la escuela. Todavía recuerdo la cara de estupefacción, casi horrorizada, que puso mi madre cuando le mostré la carta.

En aquel momento yo pensé que se estaba refiriendo a una cuestión técnica. Razón por la cual le dije que se quedara tranquila, que primero lo iba a probar con un gato para ver si andaba. Incluso, para facilitarle el trabajo a Papá Noel, me había pasado una tarde entera dibujando unos planos para asegurarme de que el trabajo saliera a la perfección.

Hoy me acuerdo de eso y me río, pero en aquel momento me dio mucha bronca. Más que nada por el esfuerzo que le estaba poniendo a los dibujos.



Ustedes no se imaginan lo bien que me habían salido los cuerpecitos convulsionados de mis compañeros en el piso, dando patadas y manotazos desesperados al aire, al tiempo que pequeños pedazos carbonizados de cerebro les empezaban a salir de las orejas.



Que calidad, que arte, que hermosa época. Y eso que apenas era la versión prototipo.



Pero bueno después la entrometida de mi mamá lo vio y me sacó la hoja. Exclamando que un nene a mi edad debería estar jugando a la pelota con sus amigos en el parque y no haciendo ese tipo de cosas.



Nunca entendió que lo más parecido que tuve a un amigo fue la bibliotecaria de la escuela, y que mis compañeros de clase nunca me invitaban cuando salían a jugar. Pero mi mama era así, me limitaba. Me limitaba todo el tiempo y papá me mentía en la cara.



Por eso, la noche que enfrenté a mi padre y descubrí la verdad acerca de Papá Noel y la navidad, decidí que de ahora en adelante iba a dedicar mi existencia a abrirles los ojos a los demás niños, que como yo habían sido engañados y limitados por la tiranía de sus padres.



De más está decir que mi papá intento persuadirme, blandiendo una serie de argumentos tan ruines y miserables como él. Diciéndome que ahora que sabía la verdad y por ende -según él- había crecido, era mi responsabilidad proteger el espíritu navideño de los demás chicos.



En resumen, me estaba pidiendo que fuera su cómplice. Pero yo ya había tomado una decisión. Tenía que hacer el bien.

Por eso al día siguiente me levanté temprano y me fui hasta lo de  Carlitos, uno de los chicos de la cuadra, y le dije toda la verdad.

Los padres le habían hecho un muy buen lavado de cerebro, por lo que al principio se negaba a creerme.



-Abrí los ojos Carlitos, ¿Por qué crees que el año pasado Papa Noel no te trajo la bicicleta que le pediste y en su lugar te terminó trayendo un libro para colorear?

-Es que mi papá me explicó que Papá Noel tuvo que comprar muchos regalos y por eso no le alcanzó para la bicicleta. Hasta me lo puso en una carta, ¿ves?

-No Carlitos, pasa que en realidad Papá Noel es tu viejo, que es un muerto de hambre y que de acá a dos años seguro se lo terminan de comer los piojos. Mira todas las faltas de ortografía que tiene la carta mugrienta esa ¿Qué otra persona a parte del analfabeto de tu papá podría escribir así? ¡Despertá, Carlitos!



Carlitos no termina de romper en llanto ahí nomás, que sale el padre abriendo la puerta de una patada y blandiendo un palo de escoba al grito de “¿¿¿QUE HACES HABLANDO CON ESA BASURA??? ¡¡¡TE METES YA PA DENTRO CARLITO!!!”

En ese momento me acuerdo que de lo único que tuve tiempo fue de salir corriendo tan rápido como me lo permitieron mis cortas piernas. Lo único que lamento es no haber llevado una cámara para tener un registro fotográfico de la cara de mí vecino Carlitos cubierta de lágrimas, seguramente lágrimas de emoción, ante tan noble gesto que tuve con él.



Después de eso continúe con mi labor caritativo dentro del familiar. Por lo que esa misma noche del 24 de diciembre, reuní a todos mis parientes asegurándome de que mis primos más chicos estuvieran presentes, y los hice ver un video con la excusa de que se trataba de un trabajo para la escuela en donde los maestros nos hacían grabar un saludo con motivo de las fiestas para ver en familia.



Todos se pusieron contentos y me felicitaron, diciendo que no esperaban un gesto tan cariñoso de mi parte. Todos menos mi tío Horacio, quien inmediatamente entró como en un estado de alerta y en un tono que detonaba desconfianza le susurro en el oído a mi tía: “¿Marta que estará planeando este sorete?”



Tanto mi tío Horacio como mi tía Marta siempre fueron unas personas extremadamente religiosas, y la navidad para ellos era sagrada. Yo nunca les caí bien. En especial a mi tío, quien me guarda rencor todo porque una vez durante el entierro de su madre, le pregunte al cura –o sea al cura, ni siquiera estaba hablando con el- si no la podían enterrar más rápido a la vieja porque yo me tenía que ir a ver los Tiny Toons.

Y desde ese día me hizo la cruz. Un exagerado. Porque a ver, la culpa en todo caso es de él, que organizó el entierro un día de semana cuando tranquilamente lo podría haber pateado para el Domingo. Era viernes ¿Qué le costaba esperar dos días más? Pero mi tío era así. Le gustaba limitar a la gente.



Cuestión que pongo el casete en la videocasetera y al principio como que no entendían bien de que se trataba. Lo cual tenía todo el sentido del mundo ya que la imagen que estaban viendo en pantalla pertenecía a una esquina muy famosa de mi barrio. Más precisamente a la esquina de un local bastante conocido en ese momento por vender todo tipo de juguetes y juegos de mesa para niños.



Mis primitos miraban la pantalla con los ojitos medio entreabiertos, tratando de entender que es lo que estaba pasando. Pero eso no fue hasta que apareció en la televisión, la figura de mi tío Horacio, saliendo del local con un montón de regalos para posteriormente meterlos en el baúl del coche.



“HIJO DE RE MIL PUTAAA,” exclamó mi tío, ya demasiado tarde, al tiempo que se abalanzaba sobre el control remoto para detener la grabación.

Después de eso pasaron varias cosas al mismo tiempo. Todo en cuestión de segundos. Yo sonriendo mientras señalaba la pantalla con ambas manos diciendo “Y con ustedes el verdadero Papá Noel,” mis primitos gritando desaforadamente cosas como “¡Papá Noel no existe!” “¡Papá sos un mentiroso!” “¡Abramos el regalo ahora!” Mi tía Marta, agarrándose fuertemente el pecho mientras se sujetaba del mantel para no caer redonda al suelo, haciendo que en el proceso el pollo vuele por los aires.



La verdad, hermosa noche. La pasamos muy bien realmente. Por eso nunca entendí porque me tío decidió subir a toda su familia en el auto y marcharse faltando tan poco para las doce.



“¡Para tío, no te vayas!” me acuerdo que le grité a último momento. “¡Preparé unas presentaciones en Power Point donde salís con el disfraz de Papá Noel!”



“¡Metetelas en el orto y feliz navidad basura!” me gritó mi tío desde su auto, cerrando la puerta de un portazo. Un maleducado, pero bueno, rescato ese atisbo de redención que tuvo al final ya que por lo menos me deseo feliz navidad.



Yo creo que en el fondo él sabía que lo único que yo buscaba, era hacer el bien.